martes, 20 de septiembre de 2011

Mon amour.

Hoy, llegando al coche para volver a casa, me encontré sobre el pomo de la puerta del coche contiguo, una carta de amor. Alguien se tomó la molestia de escribir sus sentimientos sobre un papel, buscar en un amplio parking el coche de su enamorado/a y colocar cuidadosamente su corazón en el pomo. Hoy sé de alguien que sonreirá cuando vaya, fatigado/a a coger su coche para conducir hasta casa.


Así pues, hoy me propuse a escribir sobre el amor. Sí, amigos, eso que sobrepasa en querer a alguien con toda tu alma para llegar a enamorarse. Me puse a escribir una parrafada preciosa sobre qué debería ser el amor y sobre las diferencias entre querer y amar. Pero me quedé pensando y me di cuenta que ¿para qué? ¿para qué escribir esas letras capaces de llegar al sentimiento de cualquiera si el amor no se lee, sólo se siente? Y es que da igual lo que sepamos de él y lo preparados que vayamos a enfrentarnos, si cuando nos pilla de frente nos destroza vivos, nos desnuda y nos deja indefensos, y eso que con anterioridad nos presenta simulaciones de enamorarse, con eso que llamamos querer.

El amor es un oponente fuerte, despiadado y armado,  y todavía no conozco a nadie que lo haya vencido. 




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