Alejarse de convencionalismos. Lanzar la vista al cielo y
comprender que no te tengo, pero me tengo. Que el mundo es una esfera de
oportunidades desaprovechadas, inhibidas por el exceso de consumo de la
cotidianidad. Avanzar por las aceras de esa marchita calle. Que sonreír sin
ganas es de locos, que romper a llorar, felices, es de sabios. Sufrir por cada
ingrato que no disfruta de caminar descalzo por el cálido asfalto, que no
nacimos calzados ni con vergüenzas ni complejos ni orgullos. Olvidadizas almas
del placer, que caminan rozando tu aura de besos y caricias que aún te quedan
por dar, incapaces de comprender que quizás, tan solo quizás, algún día
estúpidamente encantador, unáis vuestros destinos.
Que sí, que nos cuesta
aceptarlo, pero que no sabemos vivir. No sabemos escuchar al viento, no
aprendimos a oler el tiempo, se nos olvidó la forma de asir al destino, pero
sobretodo y como peor defecto, todavía no sabemos dejar de mentirnos a nosotros
mismos.
.jpg)