El aire, ardiendo, rodeando la existencia, asfixiando cada
aliento de aire fresco. Calcular el tiempo que se tarda en pesar un secreto.
Contar las sonrisas de un mismo recuerdo. Airear las dudas y saltar sin miedo,
al vacío, sin remedio, explotando todo obstáculo interpuesto en medio. Cantar
las notas de las lágrimas caídas al Sol. Cantar las risas al unísono de una
simple mirada. Mirar. Mirar tus ojos. Sentir calor bajo la atenta mirada
castaña. Sentir frío de no volver a verla. Helor. Helor por la distancia. Terror
de encontrarla eterna.
Efímera sensación onírica de volatilizarme y convertirme
en deseo, mentira picaresca, susurro alentador, caricia, locura, sabor.
Y entre
tanto segundo robado al tiempo, los gramos que pesa un secreto, los ojos
grabados a fuego, los saltos y el miedo...río. Río por dentro, por vivir mi
tiempo, por robarle fuego al Sol y valor a los sueños, por seguir luchando
cuando ya no queden brazos a los que agarrar tu asfixia de ese aire ardiendo
que te quema. Que quema por dentro.
Y aprende a ver la música y a oír la luna.