martes, 1 de enero de 2013

¡Feliz 2013!


Como cada uno de enero, echamos un pequeño vistazo al camino recorrido. Con mayor o menos intensidad, todos sufrimos y gozamos. Todos vivimos y soñamos. Todos cantamos y lloramos.
Como cada uno de enero, arranco de mí las iras y los dolores, ocupando el completo de mis pensamientos en reflexiones absurdas y en sonrisas arrancadas por recuerdos.

No os contaré mis sueños ni mis ilusiones, tampoco os hablaré de mis últimos secretos ni de mis preocupaciones, que el año es nuevo pero la vida sigue. Y hoy es comenzar, pero no olvidando continuar. Porque cada mirada que ayer me estremecía, hoy me hará temblar. Y cada miedo que se apoderaba de mis sueños, hoy no me dejará soñar. Pero hoy no os hablaré de mí, sino de vosotros.

A quien más, a quien menos, os he visto crecer. He visto cómo formabais nuevos ideales, os he visto decir o hacer cosas que jamás pensasteis que pudiesen ocurrir, os he visto defenderos y os he visto rectificar. Durante este año me habéis dado el placer de abrazarme y la satisfacción de acompañarme, de forma plausible, en algún momento crucial. Y os admiro por ello. Os admiro de forma egoísta, pues me habéis hecho madurar y aprender. Y todo ello os lo he de agradecer.

Para finalizar este discurso anual, y teniendo en mente este afán de buenos pensamientos alejados de rencores, decir adiós a todos aquellos negados a continuar compartiendo camino, a todos los que no valoraron o a los que no valoré. Adiós a las sonrisas que algún día me deleitaron y a las miradas que me ruborizaron. Adiós a vuestras dulces o roncas voces y a los momentos que aparecen en mi memoria en inauditos días. Adiós y buen viaje.  

Aprovechando el vacío, paso a dar la bienvenida a aquellos nuevos individuos que han aparecido en los últimos meses, pero que han conseguido marcar una insondable huella que, espero, se perpetúe por muchos meses más. Bienvenidos a esta montaña-rusa que es mi vida.

Y en mi máximo apogeo de sentimentalismo, recordar a los pocos que año tras año continúan acumulando recuerdos en mi escasa memoria y, más loable si cabe, soportar la carga que supone mi compañía. Por vosotros fue mi primer y último suspiro del año.


Feliz año a todos y, sobretodo, a los que me han marcado. Vivid y no muráis en vida.

¡Feliz 2013!