miércoles, 13 de marzo de 2013

Y es tan largo el olvido...


Lúgubre, taciturna, oscura y molesta sensación de desamor. Triste, desamparado y, aunque libre, extraño corazón. Pecado sentimiento de duda que exhala, a partes iguales, vida, muerte y destrucción. Lujuriosa afición de mirar miradas y desnudar cada emoción, torturando a una razón que me grite, a boca cerrada, qué ocurre, qué siente, qué no le permite sentir las manos de Morfeo acariciando su tez, una tez marcada por rasgos de desesperación.

Cada noche que has pasado bajo la lumbre de un farol, meditando, mudando de pensamientos y convirtiéndote en inventor. Inventor de historias muertas entre las manecillas de un reloj, o entre la arena de otro cuyo cristal hace tiempo que se quebró. Cada noche malgastada o invertida en un “y si”, cada uno de esos días yacen inertes, solitarios, fríos, olvidados, enterrados bajo los kilómetros de un angosto hilo que separa, las todavía, cómplices miradas que aún nos abordan con cobardía y discreción.