martes, 17 de enero de 2012

Felices dos décadas.

Hoy pretendo hablaros del paso del tiempo, pero del paso del tiempo vinculado a la amistad.

Os habéis fijado en lo rápido que pasan los años?
No sabemos cómo pero para cuando queremos darnos cuenta, esas pequeñas niñas que "flamenqueaban" (nada tiene que ver con bailar y/o cantar flamenco) en el patio del colegio, ahora son dos, ya, mujeres que disfrutan de una tarde en un café.

Los años pasan, la vida avanza y, como seres sociales que somos, decidimos compartir los momentos de alegría con alguien. Soy consciente de que los verdaderos amigos se encuentran en peligro de extinción y raro es encontrarte con alguien que te diga que un día, con escasos años de edad, encontró a alguien con quien todavía comparte la amargura que supone un examen universitario; así pues, el hombre, en todo su decepcionado ser, decide compartir esos momentos con su propia soledad o con simples conocidos que sabe, tarde o temprano, terminarán abandonándole decepcionadamente.

Yo también, amigos, como ser social, como ser humano, elegí a alguien con quien compartir mis alegrías, alguien que me disuadiera de mis errores y alguien que me ayudara a levantarme cuando caía. Ante vuestros sentimientos de envidia y alegría ajena he de compadecerme de vosotros diciendo que nací con la adorable suerte de contar con una sola persona para todos estos fines, uno de esos seres venidos de otro planeta y que ya se encuentran en peligro de extinción. Esos que se hacen llamar "verdaderos amigos".

Mucha gente ha pasado por mi vida. Amistades que se han quedado por más, por menos tiempo; amistades que me han resultado en mí grandes cambios, amistades más prescindibles. Pero, sin embargo, de entre toda esa clasificación de amistades que podría estar haciendo hasta media noche, sólo una, sólo una persona entró hace muchos años para quedarse en el rincón más recóndito de mi corazón (qué cursi puedo sonar en ocasiones). No voy a decir nombres ni rasgos ni cualquier símbolo identificable de nuestra amistad puesto que (a parte de que voy a enviárselo) sería capaz de reconocer mis palabras y darse por aludida.
Se dice, y lo he comprobado, que cuanto más tiempo compartes con alguien, mayores y más frecuentes son las discusiones. Sin embargo, la unión que yo tengo con ese ser excepcional, es tan sumamente distinto y especial al resto que ha hecho que, en estas casi dos décadas que me ha regalado, a penas llegue a recordar una única discusión.

No sé muy bien qué será de nosotras dentro de diez años, pero si hasta ahora, todo lo que hemos pasado, no nos ha separado, dudo que algo pueda hacerlo. No cabe añadir que si sé lo que me conviene, y lo sé, no permitiré que nada ni nadie se lleve mi pequeño ángel de la guarda de mi lado.


"La felicidad sólo es real cuando se comparte" - Christopher McCandless

Gracias por dejar compartir contigo mi felicidad y por hacerla real.




Gracias por darle color al mundo durante estas dos décadas.





miércoles, 11 de enero de 2012

Un día de éstos.

Soy consciente que tengo esto bastante muy abandonado.
Lo cierto es que llevo bastante tiempo pretendiendo escribir alguna entrada nueva, pero no se me ocurre sobre qué escribir y, cuando lo hace, no tengo tiempo por culpa de los exámenes.
Disculpadme, no tardaré mucho en volver.

Mientras tanto, id conformándoos con una preciosa y animada canción: