Las locuras dejan de ser locuras cuando paras el reloj y
ahogas los gritos de tu ego con una mirada limpia hacia un futuro más cercano de
lo que jamás somos capaces de imaginar. Un futuro en que la fría mano del adiós
roza tus labios, indicándote que no podrás realizar todo aquello que quedó
frustrado en tu imaginación y que nadie será capaz de recordar todos los
ridículos que algún día inundaron tus instantes.
Así que alejaos de vuestros
impulsos de hacerme creer perturbada y entended que, en nuestro último aliento
de vida, yo seré la única capaz de ser feliz por haber logrado alejarme de
orgullos, miedos y vergüenzas y haber hecho siempre cuanto deseaba. En nuestro
último aliento de vida, seré la única de todos vosotros, ingenuos, que haya
vivido su vida.
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