Lúgubre, taciturna, oscura y molesta sensación de desamor. Triste,
desamparado y, aunque libre, extraño corazón. Pecado sentimiento de duda que
exhala, a partes iguales, vida, muerte y destrucción. Lujuriosa afición de
mirar miradas y desnudar cada emoción, torturando a una razón que me grite, a
boca cerrada, qué ocurre, qué siente, qué no le permite sentir las manos de
Morfeo acariciando su tez, una tez marcada por rasgos de desesperación.
Cada noche que has pasado bajo la lumbre de un farol,
meditando, mudando de pensamientos y convirtiéndote en inventor. Inventor de
historias muertas entre las manecillas de un reloj, o entre la arena de otro
cuyo cristal hace tiempo que se quebró. Cada noche malgastada o invertida en un
“y si”, cada uno de esos días yacen inertes, solitarios, fríos, olvidados,
enterrados bajo los kilómetros de un angosto hilo que separa, las todavía,
cómplices miradas que aún nos abordan con cobardía y discreción.
PUEDO escribir los versos más tristes esta noche.
ResponderEliminarEscribir, por ejemplo: " La noche está estrellada,
y tiritan, azules, los astros, a lo lejos".
El viento de la noche gira en el cielo y canta.
Puedo escribir los versos más tristes esta noche.
Yo la quise, y a veces ella también me quiso.
En las noches como ésta la tuve entre mis brazos.
La besé tantas veces bajo el cielo infinito.
Ella me quiso, a veces yo también la quería.
Cómo no haber amado sus grandes ojos fijos.
Puedo escribir los versos más tristes esta noche.
Pensar que no la tengo. Sentir que la he perdido.
Oír la noche inmensa, más inmensa sin ella.
Y el verso cae al alma como pasto el rocío.
Qué importa que mi amor no pudiera guardarla.
La noche está estrellada y ella no está conmigo.
Eso es todo. A lo lejos alguien canta. A lo lejos.
Mi alma no se contenta con haberla perdido.
Como para acercarla mi mirada la busca.
Mi corazón la busca, y ella no está conmigo.
La misma noche que hace blanquear los mismos árboles.
Nosotros, los de entonces, ya no somos los mismos.
Ya no la quiero, es cierto, pero cuánto la quise.
Mi voz buscaba el viento para tocar su oído.
De otro. Será de otro. Como antes de mis besos.
Su voz, su cuerpo claro. Sus ojos infinitos.
Ya no la quiero, es cierto, pero tal vez la quiero.
Es tan corto el amor, y es tan largo el olvido.
Porque en noches como ésta la tuve entre mis brazos,
mi alma no se contenta con haberla perdido.
Aunque éste sea el último dolor que ella me causa,
y éstos sean los últimos versos que yo le escribo.
Pablo Neruda.