lunes, 24 de octubre de 2011

Miedo.

El miedo. El fatídico miedo que nos producen las novedades, lo desconocido.

En los tiempos en los que vivimos, nos encontramos rodeados de objetos, ideas, que surgen a cada día que pasa y que, posiblemente, podrán provocar  un cambio en nuestras vidas. Ahora bien, ¿qué ocurre con los cambios que debemos hacer nosotros mismos?

Todas las novedades provenientes de terceros las aceptamos y observamos su aplicación en nuestro día a día. Sin embargo, somos más bien reacios a ser nosotros mismos los que producimos esos cambios, esas novedades. Las dudas nos corroen, nos quitan el sueño, el hambre y hacen de nuestra vida un verdadero dolor de cabeza. Vivimos con miedos, miedo a dejarnos llevar por nuestras emociones y sentimientos, miedo a escuchar a nuestro corazón y dejar de lado los gritos de nuestra razón.

A veces es nuestro propio subconsciente el que nos pone pruebas para que no aceptemos lo desconocido. Y es duro, nadie sabe qué puede ocurrirle cuando toma una decisión, nadie es consciente si la opción por la cual opta va a llevarle a la más profunda felicidad o si, por el contrario, va a sumirle en una desgracia inmensa. Dejar atrás una relación con la “pareja de tu vida”, mudarse de la ciudad natal, empezar una primera relación estable. ¿Quién nos garantiza que no vamos a querer volver atrás para deshacer todo lo errado y comenzar de nuevo? ¿Quién nos garantiza que hemos hecho lo correcto?

El ser humano vive con miedo, es una cualidad innata. Pero no tenemos realmente miedo al cambio vidas, a darle un giro de 360 grados a nuestras vidas; lo que realmente nos aterroriza es la incertidumbre, es ver que no somos capaces de dominar la situación, porque no sabemos qué será. ¿O a caso tendríamos miedo de morir si supiésemos que otro mundo nos espera después que éste? ¿Tendríamos miedo a vivir si fuésemos conscientes que, tras la muerte, nada queda? ¿Dudaríamos de dejar atrás una larga relación si supiésemos que una sonrisa nos espera y que seremos capaces de amarla? ¿Nos aterrorizaría acabar con nuestras vidas de solteros empedernidos si conociésemos a la persona que engendraría a nuestros futuros hijos?

Yo os aconsejo que dejéis atrás el miedo. Y no digo que eso sea fácil pues, sinceramente, abandonar ese terror en la mayoría de ocasiones nos provocará dolor. Pero dejarse llevar para ver dónde terminarás, o comenzarás, puede enseñarte las mejores lecciones y puede hacer que vivas los mejores momentos de toda tu vida.

No pienses. Vive. 


No hay comentarios:

Publicar un comentario